jueves, 21 de julio de 2011

Manuel Rodríguez Lozano















Manuel Rodríguez Lozano
Pensamiento y pintura, 1922-1958


Sala de exposiciones temporales
Museo Nacional de Arte

Del 20 de julio al 9 de octubre del 2011




Rodríguez Lozano, Manuel
Santa Ana muerta con cuatro figuras, 1933
Óleo sobre tela
37 x 48.5 cm
Colección particular






Manuel Rodríguez Lozano

En busca de lo luminoso



MANUEL RODRÍGUEZ LOZANO, PENSAMIENTO Y PINTURA, 1922-1958, SE EXPONE EN EL MUSEO NACIONAL DE ARTE





Rodríguez Lozano, Manuel
(Ciudad de México, 1896 – 1971)
La tragedia en el desierto, 1940
Óleo sobre tela
200 x 125 cm
Colección Marcos y Vicky Micha








A manera de un merecido homenaje al pintor mexicano MANUEL RODRIGUEZ LOZANO en el cuarenta aniversario de su muerte , El martes 19 de julio del presente año, El Museo Nacional de Arte presento en una pre inauguración para coleccionistas, la exposición MANUEL RODRIGUEZ LOZANO Pensamiento y Pintura que permanecerá abierta la publico del 20 de julio al 9 de octubre , sin duda esta curaduria que incluye un centenar de obras de magnifica hechura nos dan muestra junto con su catálogo de las vivencias , pasiones, viajes y pretensiones estéticas de este magnifico artista mexicano.




A lo largo de la exposición temporal “Pensamiento y Pintura” podemos explorar junto con su obra una serie de documentos dispuestos en ocho hojas de sala.

Durante el recorrido por la Sala de Exposiciones temporales del MUNAL la noche de la inauguración de la muestra, Arturo López, historiador y curador de la misma, mencionó que ésta exposición obedece a dos propósitos fundamentales:
Por un lado contribuir a la historia biográfica Rodríguez Lozano , del que se desconocen ciertos datos, así como reexaminar y hacer una relectura de la iconografía de este artista en la plástica mexicana del siglo XX.



Un año y medio le llevó al curador Arturo López preparar la exposición monográfica Manuel Rodríguez Lozano, pensamiento y pintura, 1922-1958, que ayer inauguraron Alejandra de la Peña, subdirectora de Patrimonio del INBA y Miguel Fernández, director del Museo Nacional de Arte.



Rodríguez Lozano, Manuel
El holocausto, 1944
Óleo sobre tela
123.5 x 178 cm
Museo de Arte Moderno, INBA



Como se explicó durante el recorrido y más tarde en la inauguración, sobresalen dos sentidos, el primero, examinar al artista como parte de una de las vocaciones que el museo tiene desde 1982, realizar exposiciones monográficas de los artistas de su acervo y el segundo, recordar al autor por sus 40 años de su fallecimiento que se cumplieron en marzo pasado.

La muestra fue dividida en cuatro núcleos: La mirada colosal, que aborda la época “monumental” de Rodríguez Lozano; Un fovismo mexicanista, en el que se plantean los inicios del artista en los años 20; Un país luminoso, que muestra un conjunto de obras basadas en "el alma mexicana" y El silencio y la tragedia.

Arturo López se refirió a las 130 obras, entre libros, documentos y fotografías, de la exposición que se propone contribuir al enriquecimiento de la historia biográfica del creador, revalorar sus aportaciones a la plástica mexicana y presentar la obra de sus discípulos, entre ellos, Ángel Torres Jaramillo (Tebo), el fotógrafo Antonio Reynoso, Francisco Zúñiga, Abraham Ángel, Julio Castellanos e Ignacio Nieves Beltrán (Nefero).




Rodríguez Lozano, Manuel
Los amantes, 1943
Óleo sobre tela
30 x 38 cm
Colección particular


Incluyó además el acercamiento de Rodríguez Lozano al grupo de los Contemporáneos en los años 20 del siglo pasado, su relación con su mecenas Antonieta Rivas Mercado, su casamiento con Nahui Ollin y su participación en la Revista Ulises.

La exposición enfatiza momentos muy importantes de la vida del creador: los años 40, tras su encarcelamiento en Lecumberri, al ser inculpado injustamente del robo de cuatro grabados de Durero de la Escuela Nacional de Bellas Artes, de donde era director.

El curador recordó que durante el tiempo en que permaneció encarcelado se dedicó a dar clases de pintura a los presos y a realizar su primer mural, La Piedad en el desierto, al tiempo que se transfiguró porque de la cárcel obtuvo grandes enseñazas no sólo pictóricas sino emotivas.



Rodríguez Lozano, Manuel
(Ciudad de México, 1896 – 1971)
Il verdaccio, 1935
Óleo sobre tela
161 x 141 cm
Colección Ariel Zúñiga

El concepto curatorial, dijo López, se estableció a partir de cuatro núcleos temáticos que dan cuenta de la trayectoria del artista que son: "La Mirada Colosal", que va de 1930 a 1939, con la creación de colosales figuras humanas desnudas, de notable expresividad, sensualidad y, a menudo, de indefinición sexual.






Tras ese periodo emergió El holocausto, que plasmó en 1944 para la casa de Francisco Sergio Iturbe, ubicado en la calle de Isabel la Católica, número 30 en el Centro Histórico, donde se presentará el catálogo de la exposición el 31 de agosto.

Las piezas provienen de diversas colecciones nacionales, además de las del acervo del Munal, y mencionó entre las más importantes y que no habían sido exhibidas, los retratos de Jaime Torres Bodet y de Daniel Cosío Villegas así como algunos paisajes de los años veinte.

Entre otras ideas, recordó que Rodríguez Lozano ha tenido dos grandes muestras: una retrospectiva en 1971, en Bellas Artes, y la segunda, organizada por el Museo de Arte Moderno en 1997, de donde salió el catálogo Rodríguez Lozano, una revisión finisecular.



Siendo uno de los exponentes más representativos de su colección, el recinto nunca le dedicó una revisión monográfica sino hasta ahora, cuando se inaugure el 20 de julio, en el marco de su 40 aniversario luctuoso, la exposición Manuel Rodríguez Lozano, pensamiento y pintura, 1922-1958.



Rodríguez Lozano, Manuel
Autorretrato, 1924
Óleo sobre cartón
72 x 61.5 cm.
92 x 80 cm. c/m
Colección Lance Aaron, San Antonio, Texas

Es curioso el transitar de una obra y cómo esta adquiere una dimensión con el paso del tiempo, sin saberlo el artista pinta un concepto y al pasar de los años adquiere un valor tanto estético como patrimonial, mismo valor dependerá de la aportación que la obra legue a un movimiento en dicha época y de la difusión del artista tanto en el ámbito nacional como internacional.

Sin embargo y podemos observar que dentro de la obra de Rodríguez Lozano
su biografía estará sumamente ligada a la temática de la misma , pero curiosamente
el valor de la obra de este gran artista será otro después de esta magna exposición ,
completamente diferente a el de una obra aislada del mismo artista hace diez años y que mejor ejemplo que las obras de Rodríguez Lozano, que incluyen algunas de las colecciones de esta exposición , por ejemplo este magnifico autorretrato de la colección de Lance Aaron mismo que ya había aparecido en otras curadurías de años anteriores pero que ha partir de hoy es referencia del Fauvismo Mexicanista.




“El silencio y la tragedia” incluye obras como “La piedad en el desierto”, mural realizado en la Penitenciaría de Lecumberri en 1942, que muestra un conjunto de pinturas de escenas trágicas: generalmente mujeres enrebozadas, con rostros de gélida plasticidad en escenarios desolados, nostálgicos.




Rodríguez Lozano, Manuel
La piedad en el desierto
Pintura al fresco
255.8 x 229.8 cm





Rodríguez Lozano en el Munal
Teresa del Conde/ I
H
oy día en esta ciudad se revisan mediante exposiciones monográficas a tres pintores: Roberto Montenegro, Ricardo Martínez y el que ahora me ocupa: Manuel Rodríguez Lozano.

La muestra, con todo y faltantes negados por algunos coleccionistas e instancias, es la más completa que se le ha brindado, pues ofrece el meollo de su trayectoria pictórica en su contexto. Hay demasiados misterios en su vida imposibles de develar a través de su pintura, pues ese intento, a tanta distancia, únicamente redundaría en sobreinterpretaciones.

La exposición de Rodríguez Lozano, el catálogo próximo a aparecer y el ciclo de conferencias que acompañan su vigencia suscitará la necesidad de ahondar en su problemática, como ya sucedió en parte a través de la publicación de la entrevista a Raquel Tibol, efectuada por el curador el 6 de junio pasado.

En parte versa sobre el hurto del que se le acusó injustamente, cuando fungía como director en la ENBA (Escuela Nacional de Bellas Artes, hoy de Artes Plásticas), endilgándole haber sustraído o perdido grabados de Durero y de Guido Reni, que aparecieron por casualidad hasta 1966.

Durante su consecutivo encarcelamiento en Lecumberri, el artista pintó La piedad en el desierto, el mural transportable que no falla en llamar la atención en la sala de los murales del Palacio de Bellas Artes. Es interesante percibirlo ahora adherido a su propia producción y, sobre todo, calibrar la diferencia que existe entre ese trabajo al fresco de 1941 y la versión al óleo de 1945 que también se exhibe. Eso, por sí sólo, amerita la visita al Museo Nacional de Arte (Munal) por pintores actuales.

La exposición abarca trabajos desde 1922 hasta 1958, si bien el pintor de vida tan callada y carácter difícil, falleció en 1971. ¿Por qué decidió abstenerse de pintar durante la etapa postrera de su vida?, sus razones quedan en la incógnita,

La curaduría, a cargo de Arturo López Rodríguez, está dividida en rubros. La muestra abre con una pintura muy plana (a mi juicio), que ha sido poco vista. No se optó por visión cronológica. Al ingreso sigue la visión de su etapa denominada colosal, dado que en ella se inscribe el cuadro del personaje visto de espaldas titulado El coloso (que no es afortunado), más otras pinturas que integran la que quizá sea una de las dos modalidades con las que tendemos a identificarlo en mayor medida.

En esta sección destacan Las parcas, tres mujeres de enormes extremidades inferiores que devanan una bola de estambre rojo, lo que da el título a la escena. El empleo del color es algo en lo que hay que poner mucha atención, sus usos en ese aspecto guardan relación con las visiones que tuvo de las vanguardias parisinas, practica la figuración como si fuera un artista abstracto.

Siempre afirmó que fue autodidacta, cosa que no necesariamente es cierta, porque durante su estancia europea pasó lapso sobrado en San Sebastián, donde el tiempo liberado del que disfrutaba pudo ponerle en contacto con maestros de la región. Fue tan buen dibujante que Picasso le obsequió un grabado que dedicó al gran dibujante Rodríguez Lozano, creo que lo hizo porque sus dibujos, llamémosles académicos, guardan reminiscencias de Ingres y Picasso; vaya si admiraba a Ingres.

Rodríguez Lozano puso énfasis en la influencia que recibió de Picasso, pero ya viendo de cerca, me parece que ni aun en la etapa gigantística o colosal su opción se base en el periodo Dinnard del malagueño.

Otra pintura en esta sección, El Verdaccio, se integra de dos figuras; una mujer arrodillada vista de perfil parece secar o limpiar la piel del enorme joven sentado y frontal que se mira en un espejito. No es que éste sea verde, sino que el término alude a su lozanía: él es todavía verde, eso quiere decir la palabra verdeggiante. Quizá el autor escogió el título atendiendo a su apellido, se sintió lozano y en cierto sentido todavía verde.

El título del segundo apartado un fauvismo mexicanista me parece menos afortunado, pues veo pocos o ningún eco fauve en sus obras que están en perfecto contexto con la llamada contracorriente a la que ha aludido Jorge Alberto Manrique.

Ésta se inserta, desde luego, en la escuela mexicana de pintura, en cuanto a obra de caballete (no en los murales) de esa época. Así como en el primer rubro se incluyó, muy pertinentemente, una obra lozaniana de Francisco Zúñiga, en éste hay piezas de sus discípulos y amigos-amantes Tebo y Nefero. Puede verse su autorretrato de 1924 en el estilo que fue propio de Abraham Ángel. Se le ve de frente, vistiendo una gabardina muy europea de cuello levantado. Es un dandi ante un villorio.

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martes, 19 de julio de 2011

Miguel Angel en NY

El pintor italiano Marcello Venusti seguía la corriente manierista (a manera de) en los años del Renacimiento; era parte de la escuela de Miguel Ángel, uno de los pintores más significativos de ese periodo. Tanto así que a mediados del año 1500 el cardenal Alessandro Farnese pidió una reproducción a escala de El juicio final, ubicada en la Capilla Sixtina de San Pedro, en Roma. El resultado fue tan bueno que recibió la aprobación del propio Miguel Ángel y a partir de ese momento, Venusti imitó el trabajo del creador de La piedad.

La similitud en sus trabajos llevó a los coleccionistas de nuestro periodo histórico a adjudicar La Crucifixión con la Virgen, San Juan y dos ángeles llorando a Venusti; sin embargo, Antonio Forcellino, especialista en la obra del italiano, destaca que ésta es, sin duda, un Miguel Ángel más.

El investigador atribuye este cuadro, que le pertenece a la Universidad de Oxford desde la década de los 30, al pintor italiano después de realizar un estudio de infrarrojos en el que encontró pigmentación similar a la utilizada por Miguel Ángel.

Forcellino, también autor del libro The Lost Michelangelos, en 2009, sobre las creaciones perdidas de Miguel Ángel, asegura que en La crucifixión con la Virgen, San Juan y dos ángeles llorando “reconoces de inmediato la diferencia entre sus creaciones y las de Venusti”.





Michelangelo Buonarroti (Caprese, 6 de marzo de 1475 – Roma, 18 de febrero de 1564)
, conocido en español como Miguel Ángel, fue un arquitecto, escultor y pintor italiano renacentista, considerado uno de los más grandes artistas de la historia tanto por sus esculturas como por sus pinturas y obra arquitectónica.
Desarrolló su labor artística a lo largo de más de setenta años entre Florencia y Roma, que era donde vivían sus grandes mecenas, la familia Médicis de Florencia, y los diferentes papas romanos.
Fue el primer artista occidental del que se publicaron dos biografías en vida:
Le Vite de' più eccellenti pittori, scultori, ed architettori, de Giorgio Vasari, publicada en 1550 en su primera edición, en la cual fue el único artista vivo incluido.

Vita de Michelangelo Buonarroti, escrita en 1553 por Ascanio Condivi, pintor y discípulo de Miguel Ángel, que recoge los datos facilitados por el mismo Buonarroti.
Fue muy admirado por sus contemporáneos, que le llamaban el Divino.
Benedetto Varchi, el 12 de febrero de 1560, le envió una carta en nombre de todos los florentinos diciéndole:
...toda esta ciudad desea sumisamente poderos ver y honraros tanto de cerca como de lejos... Vuestra Excelencia nos haría un gran favor si quisiera honrar con su presencia su patria.
Triunfó en todas las artes en las que trabajó, caracterizándose por su perfeccionismo.6 La escultura, según había declarado, era su predilecta y la primera a la que se dedicó; a continuación, la pintura, casi como una imposición por parte de Julio II, y que se concretó en una obra excepcional que magnifica la bóveda de la Capilla Sixtina; y ya en sus últimos años, realizó proyectos arquitectónicos.



Este procedimiento de examen esta basado en una radiación invisible que atraviesa la capa pictórica y se refleja en la base o
preparación de la obra de arte. La radiación reflejada es captada por una cámara tipo CCD con filtros apropiados, que
transforman la radiación infrarroja reflejada por el objeto en una imagen visible.
Las imágenes digitalizadas, REFLECTOGRAMAS, se procesan mediante un programa de integración para obtener la imagen
total de la obra: REFLECTOGRAFIA. De esta manera, se consigue una imagen que contiene información que se encuentra tanto en
el interior, como en la superficie de la obra.
El alcance del resultado obtenido está en función de la diferencia de absorción que ofrecen los distintos pigmentos a la radiación
infrarroja. La visualización del diseño es función de dos parámetros que no son previsibles y dependen, de la composición química
de los materiales usados por el artista: el Contraste que ofrece el dibujo y la Transparencia de la capa pictórica.
Esta técnica de inspección y el análisis de las imágenes obtenidas permite descubrir: trazos o dibujos inscripciones, restauraciones, o alteraciones que ha sufrido la pintura y arrepentimientos del artista.





Marcello Venusti
s probable que su formación haya comenzado en Mantua, pero las primeras noticias que tenemos de Venusti lo sitúan como miembro del taller de Perino del Vaga en los años 1540. Su primer encargo importante consistió en copiar a pequeña escala de El Juicio Final de Buonarroti para el cardenal Alessandro Farnese, obra que terminó en 1548. Conservada en el Museo di Capodimonte, la versión de Venusti es hoy un valioso documento, pues muestra el aspecto del gran fresco de Miguel Ángel antes de la alteración de Daniele da Volterra.
La réplica obtuvo la aprobación de Miguel Ángel, con quien Venusti mantuvo una larga relación de amistad, de la que obtuvo beneficios artísticos. En efecto, se especializó en la facturación de copias en pequeño tamaño de las obras de su colega y maestro, para la que muchas veces pudo obtener diseños originales, muchas veces inéditos hasta el momento.

sábado, 2 de julio de 2011

LA INMACULADA CONCEPCIÓN Por El Maestro Mario Raúl García

LA INMACULADA CONCEPCIÓN en el Museo Palacio Cultural Banamex
(Antiguo Palacio de Iturbide)
Fomento Cultural Banamex, A.C.

Datos generales
El edificio que lo alberga es considerado una joya de la arquitectura barroca del Centro Histórico de la Ciudad de México; fue construido en un predio que en el siglo XVI perteneció a don Gonzalo Juárez de Córdoba y posteriormente a los condes de San Mateo de Valparaíso y marqueses de Jaral de Berrio, quienes mandaron demoler el inmueble que ahí existía. Hacia 1779 dio inicio la construcción de un palacio, a cargo del arquitecto novohispano Francisco de Guerrero y Torres, principal exponente de la arquitectura dieciochesca. La obra concluyó en 1785, constituyéndose como la única residencia particular de cuatro pisos en la Nueva España del siglo XVIII. Al consumarse la Independencia de México en 1821, don Juan Nepomuceno de Moncada, descendiente de los propietarios originales, brindó el palacio al jefe del Ejército Trigarante, don Agustín de Iturbide, para que lo habitara. Fue ahí donde el 18 de mayo de 1822 Iturbide salió al balcón y se oyó proclamar como Emperador de México. De 1830 a 1834 fue sede del Colegio de Minería y después albergó a oficinas públicas. A partir de 1851 funcionó como hotel y terminal de una empresa de diligencias y transporte de viajeros a diversos puntos del país. Con el paso del tiempo el palacio sufrió alteraciones al ser utilizado como lugar de despachos de alquiler. El edificio fue adquirido por el Banco Nacional de México como parte de su proyecto de rescate de la arquitectura virreinal, siendo concluidas las obras de restauración el 24 de marzo de 1972. Desde entonces es sede operativa de Fomento Cultural Banamex y entre sus restauraciones más importantes destaca la iniciada en 2002, la cual le devolvió a este inmueble el esplendor de sus mejores años. Fue reinaugurado como Museo Palacio Cultural Banamex el 19 de enero de 2004. Resguarda alrededor de cuatro mil 300 obras de arte, entre ellas pinturas de las principales etapas creativas de Diego Rivera, José Clemente Orozco, Doctor Atl,Federico Cantú, Joaquín Clausell y Frida Kahlo, entre otros, así como una importante colección de fotografías de Manuel Álvarez Bravo. Consta de salas de exposiciones, aulas, salón de usos múltiples con computadoras y sala de consulta bibliográfica. Organiza conciertos, conferencias, talleres y seminarios.




LA INMACULADA CONCEPCIÓN
Por El Maestro Mario Raúl García




LA INMACULADA CONCEPCIÓN (óleo/tela, 198 x 134 cm.), ca. 1628-29, por Peter Paul Rubens, Museo del Prado, Madrid,
España


María aparece de cuerpo entero en el firmamento separado, ligeramente, por una línea de demarcación en orbita detrás, a manera de horizonte. Luce seductora encima de una luna en octante, al tiempo que pisa con brío la serpiente embustera que aun muestra en su hocico el fruto prohibido por antonomasia: la manzana, signo de éxito sobre Adán y Eva durante el diálogo que sostuvieran en el Jardín del Edén, la que por esta ocasión y fuera de costumbre, está pintada de verde, dentellada por los primeros humanos en la historia bíblica. Su tonalidad grana, más usual, habría roto el esquema cromático de la túnica roja sin mangas del personaje. Ésta tampoco aparece resuelta en blanco, como sugiere el tratadista español Francisco Pacheco (1564- 1644) en El arte de la pintura. Una sugerencia cumplida por la mayoría de los artistas del barroco español. Dos angelitos (putti) la escoltan; el de la izquierda carga una rama de palma del Paraíso en su diestra. Se trata de un reparo en la vida corta de la madre de Dios ; y, el de la derecha, sostiene la cola de su manto con la diestra, a la vez, que alza con su izquierda una guirnalda de laurel, señal de triunfo y símbolo de eternidad, al mismo tiempo, en el mundo cristiano, así como de castidad en el pagano. De este modo, se nos hace hincapié en su intervención como la segunda Eva en el plan de salvación, a través de quien será redimida la humanidad, finalmente, ya que había sido exenta de la mancha del pecado original desde su concepción. Este dogma, sin embargo, sólo fue promulgado hasta 1854 por el magisterio de la Iglesia, pese a que su representación más temprana data de 1492 en Italia, por Carlo Crivelli (1457-93).
Maryam en arameo y griego o Miriam en hebreo, presenta una figura en espiral y un rostro lozano, atribuibles a una menor de veinte años. Su vaivén cadencioso resalta un ritmo en contraposto, tanto en sus miembros como en su tórax. Viste, además del hábito bermellón ya mencionado, una camisa blanca, toga azul y tul volátil, a manera de un tocado, próximo a su cabello arreglado en bandós. Tal disposición franca le otorga, irremediablemente, un talante secular, si bien ostenta una aureola de doce estrellas como remate de todos los destellos a su alrededor, en forma de almendra, la que le confiere un linaje sobrenatural.
La estructura es ligeramente romboidal, montada en una especie de peana moldeada por la nube gris plomo detrás del satélite natural del planeta Tierra. Esta ordenación consolida su porte, como si el artista hubiese proyectado más bien una talla que una serie de trazos bidimensionales en el soporte. Su gama es mesurada, consistente en colores primarios, tierras y matices de éstos con el blanco reductor; amén, claro está, del uso prolijo de veladuras. De pincelada vigorosa y admirable, al punto de hacernos presente la disputa entre Rubensistes y Poussiniste de la segunda mitad del XVII hasta fines del XVIII, cuando se daba preponderancia al color sobre el dibujo.
Comentarios: Sir Peter Paul Rubens (1577-1640) ha sido estimado por sus biógrafos el pintor más célebre del barroco europeo del norte, debido a su expresividad, noción dinámica y cromatismo puro. Como se sabe, después de haber pasado ocho años de estudio y trabajo en Italia, regresó a Amberes, cuna de sus padres, en 1608. Un año después habría de ser nombrado pintor de la familia regente de Habsburgo, al tiempo que contraía matrimonio con Isabella Brant (1591-1626), en cuya unión procreó tres hijos: Clara, Nikolaas y Albert. Es durante este periodo que estableciera su morada en dicha ciudad y comenzara una etapa vigorosa y fructífera. Todo hace suponer que la dicha de este enlace habría sido plena de no haber sido truncada por la muerte de su cónyuge, víctima de la peste.
Después de su deceso en junio de 1626, Rubens consignó una descripción de su pareja difunta tan enfática como emotiva en una carta fechada el 15 de julio del mismo año, dirigida a uno de sus corresponsales en París: “De verdad, he perdido una compañera incomparable. Para explicarme, tendría que apreciarla en su dimensión justa, ya que ella no poseía un sólo defecto propio de su sexo: jamás irritable, ninguna debilidad femenina, nada sino bondad y consideración. Sus virtudes la hicieron ser bien amada por todos a lo largo de su existencia, del mismo modo que su desaparición nos ha causado un gran dolor. Esta sensación de pérdida me parece fundada, dado que para su rescisión el único remedio será el tiempo. Sin duda, y para mi alivio, debo mirar hacia delante, mas, me será difícil separar la pena del recuerdo, cuya evocación me hace sufrir. Atesoraré su memoria durante mi vida, de esta amada y venerada mujer.” Poco más tarde, el artista pintaría el retrato de Isabella Brant (Uffizzi, Florencia), cuyo boceto es el dibujo del British Museum.




1625

De otra parte y al tiempo que Rubens se hallaba en Madrid, durante el ejercicio de su faceta diplomática en 1628, cuando negociaba un tratado de paz con Inglaterra por orden de Felipe IV, asimismo se dedicó a cumplir algunos encargos; entre ellos, esta Inmaculada Concepción para el marqués de Leganés, quien después la regalaría al rey.
Como en muchos casos documentados en la historia el arte, el artífice solía dibujar a los miembros de su familia e insertaba más tarde estos apuntes en sus composiciones pictóricas, a manera de prototipos en la ejecución de sus temas, ya mitológicos, ya religiosos. Es así como el investigador logra identificar los retratos de Isabella Brant e hijos, arriba señalados, en varias obras.










Si el espectador observa con detalle las facciones de esta Inmaculada Concepción, podrá recordar el semblante de una Isabella Brant de dieciocho años, en la época de su matrimonio con el pintor, igualmente reproducidos en otros cuadros de asuntos marianos y de cronología diversa.




Así las cosas, podríamos achacar la identidad física de esta advocación a la mujer excepcional dotada de un corazón generoso y una personalidad exuberante, primera consorte de Peter Paul Rubens, cuya experiencia emocional habría aun residido en su espíritu y, por añadidura, en sus facultades creativas. En resumen, la estampación de este lienzo no es fruto de una mera convención, sino el resultado de una vivencia, personal del autor, el que le habría permitido trasladar un rostro de la vida real hacia una verdad artística, por muy inverosímil que nos parezca. De ahí que el aspecto de esta Reina del Cielo, lejos de remover en nosotros sentimientos piadosos constituya, más bien, una fruición hedonista.








En modo alguno debemos olvidar que la fecha de esta factura es también incierta, la que se ha fijado hacia 1628. En este supuesto, la pintura que nos ocupa habría sido concebida dos años, apenas, después de la muerte del modelo incentivo, cuando esa sensación de abandono aun mortificaba al inventor.

Mario Raúl García

Leartejournal jul2011













martes, 21 de junio de 2011

21 junio 2011 día mundial de la Música

Un gran tema para recordar el día mundial de la Música
21 jun 2011






La Fornarina
El gusto es la facultad de juzgar lo bello de entender su validez universal.


Como un homenaje a el maestro de Urbino; Rafael Sanzio 1483 – 1520 y de manera intemporal Federico Cantú Garza 1907-1989 aborda el tema biográfico de Rafael y la Fornarina en su atelier de Paris 1924-1934

La obra de Rafael estará por siempre ocupando un lugar primordial dentro del patrimonio universal del arte, sin embargo la iconografía de su obra revelara con el tiempo historias fantásticas como la que plasmo en una se sus obras maestras “La Fornarina”. En esta obra se puede reconocer a Margarita, la amante de Rafael, una joven de origen Sienés, llamada la Fornarina porque su padre Francesco Luti era panadero ( Fornaio ). En el brazalete de la joven aparece la escrita “Rafael Vrbinas” y en la mano izquierda La Fornarina porta una sortija que durante siglos permaneció oculta. La vida de Rafael precozmente consumida por los excesos de su vida privada cesó el 6 de abril de 1520. Su muerte marcó el final de un mito y con ella Roma perdía su gran interprete.

La Fornarina – Rafael - Palazzo Barberini en Roma.
Rafael y la Fornarina – F Cantú – Colección Lic. Miranda
Rafael y la Fornarina – F Cantú – Colección Cantú Y de Teresa

lunes, 13 de junio de 2011

Del perfil nacionalista al concepto universal



El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, a través del Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo inauguró la exposición Luis Ortiz Monasterio (1906-1990), del perfil nacionalista al concepto universal el pasado jueves 9 de junio de 2011.

Para llegar a la culminación de esta exposición, se emprendió una investigación exhaustiva desde el año de 2006 en los archivos del artista, con la autorización de Ana Ortiz Monasterio, hija del artista y promotora de la vida y obra del Mtro. Ortiz Monasterio. En este sentido, y a partir de la revisión de documentación, fotografías y catalogación de obra, se dio como resultado paralelo a la muestra un excelente catálogo de consulta, así como la apertura del archivo documental de Luis Ortiz Monasterio.

invitación a mencionada presentación, la cual se llevará a cabo el día 13 de julio del presente año a las 19:00 horas.







Exposición en el Museo Casa Estudio Diego Rivera


70 obras del artista Mostrarán una revisión histórica y estética del escultor Luis Ortiz Monasterio




Luis Ortiz Monasterio junto a una de las columnas esculto-arquitectónicas Tigres y águilas (1963-1964), de la escalinata de acceso a la sala de congresos del Centro Médico Nacional del IMSSFoto cortesía del museo
Fabiola Palapa Quijas


La exposición Luis Ortiz Monasterio (1906-1990): del perfil nacionalista al concepto universal, que albergará a partir de este jueves el Museo Casa Estudio Diego Rivera, presenta una revisión histórica y estética del escultor quien conoció las corrientes universales y logró imprimir en su obra un carácter nacionalista y un sello especial.

María Estela Duarte, curadora de la muestra, explicó que el artista utilizó mucho el arte precolombino y estos motivos los plasmó en su obra, pero también su plástica tiene influencia de las corrientes universales.

Recordó que Antonio Rodríguez, en uno de sus textos dedicados al escultor, lo define como un artista que conjuntó en su amplia producción, durante casi 70 años del siglo XX, los valores plásticos de las tradiciones escultóricas precolombinas, el legado artístico de Occidente y una constante búsqueda formal de indiscutible valor universal.

Ortiz Monasterio constituye una de las figuras más destacadas en la escultura contemporánea del país. Su arte expresa una singular cosmovisión de la historia artística del México prehispánico y posrevolucionario, subrayó Monserrat Sánchez, directora del museo.




Dell 9 de junio al 25 de septiembre– propone una revisión histórica y estética de las aportaciones del artista dentro del movimiento de la llamada escuela de escultura mexicana y su diálogo con las vanguardias del geometrismo, realizadas a partir de los años 60 del siglo pasado.

Alrededor de 70 trabajos –54 esculturas y 16 obras bidimensionales, de diferentes Colecciones de Arte Mexicano entre ellas
la Colección Andres Blaisten , Fundacion Zúñiga , Colección Cantú Y de Teresa , Colección MAM , Colección Ana Ortiz Monasterio entre otras , así como hemerografía, fotografías y documentos, en su mayoría del acervo de Ana María Ortiz Monasterio, hija del escultor– integran la exposición que luego se exhibirá en la galería del Centro Médico Siglo XXI.





sábado, 4 de junio de 2011


Zedillo y Fox desdeñaron arte de Cantú
Ernesto Lozano


A todas las amistades que me facilitan una franca recuperación

Federico Cantú se levantaba con una taza de café y se forjaba sus propios tabacos mientras platicaba cada día, tenía colecciones de pipas, era una constante fumar mientras trabajaba, cuando recibía visitas, entonces grababa, no dejaba de grabar mientras conversaba. Federico siempre comía a la 1:15 de la tarde, como un reloj, después de comer tomaba una siesta de veinte minutos y seguía trabajando, en alguno de los cuatro caballetes con obras disímiles, mientras las dejaba secar, a las 8 de la tarde era su momento para cenar, después leía convulsivamente. La música no paraba de reproducirse en su casa; era un leit motiv sentirse envuelto por esas piezas barrocas que tanto disfrutaba.

Federico Cantú (Cadereyta de Jiménez, Nuevo León, 1907 – 1989, ciudad de México), contaba que inició su carrera mural en los pizarrones de la escuela viviendo en San Antonio, Texas. Fue un artista pleno, que utilizó todas las técnicas posibles, desde la sanguina, la tinta, el carbón, la acuarela, el óleo, la escultura, el grabado, la punta seca, el buril y el temple. Era un gran admirador de los clásicos, por lo que en su momento pintó con la técnica del temple utilizando pigmentos y huevo. Cantú también era fiel seguidor de la música barroca, sus autores preferidos eran Georg Friedrich Händel y Johann Sebastian Bach, de ellos pintó obras como el Oratorio de Navidad, Susana y los Viejos, El Mesías, Quinteto, Orfeo, El Retorno de Ulises, Apolo y Dafne, entre otras.

En 1986, la exhibición homenaje, Federico Cantú. Ciclos y Reencuentros fue presentada en el Palacio de Bellas Artes.

Sus obras pueden visitarse actualmente en la Ciudad de México en la Colección BANAMEX, en la Colección ING, en el Museo de Arte Moderno (MAM), en el Museo Blaisten, en las colecciones Cantú y de Teresa, F. Cantú Fabila, en Nuevo León en el Mune, en el Museo de Linares, en el Museo de Historia, la Pinacoteca y la Universidad de Nuevo León.

Continuamos conversando en exclusiva para La Razón, con Adolfo Cantú, nieto del maestro Federico Cantú y albacea de su obra.

¿Qué pasa con determinados grandes artistas que están olvidados en México? Ha pasado con varios grandes artistas en México, aparte de mi abuelo ha sucedido con Roberto Montenegro a quien en este año se le hace un homenaje, le ganó una beca a Diego Rivera, y nunca lo perdonaron, lo de Montenegro fue de principio a fin de su vida que estuvo marginado, mi abuelo supo convivir con la “mafia” cultural de ese momento, se llevaba bien con Diego, no era esclavo de Diego en el sentido de decir “si el maestro tiene los valores, hay que asumirlos”, Diego Rivera en actitud de choteo le llamaba a Federico Cantú el Picasso de los pobres, los dos venían a la par, los mismos precios de Diego eran los de mi abuelo, ambos estuvieron a partir de 1939 en las tres grandes escuelas del siglo XX, la Escuela de París (1924-1934), la Escuela de Nueva York ( 1937-1942) y la Escuela Mexicana de Pintura, a la que perteneció durante toda su vida. Federico vivía perfectamente en esos tiempos en Nueva York, expuso en las dos más importantes galerías, la Perls Gallery y Macy´s Gallery, en el MOMA y en el Philadelphia Museum, al igual que el pintor Mario Carreño, quien también desde ahí era ampliamente reconocido. Al instalarse la Escuela de Nueva York, los que no se naturalicen “gringos” comienzan a ser excluidos y “van patrás”, aunque Federico había crecido en su infancia durante la Revolución en San Antonio, dijo, lo peor que puedo hacer es ser “gringo”.

¿Es por eso que Federico se regresa a México? Así es, Federico se regresa de nuevo a México trayéndose consigo a un notable coleccionista que es el encargado de llevar las obras a todos los museos de los Estados Unidos, el Dr. Mackinley Helm, que es el primer especialista en arte mexicano. El Dr. decide financiarle dos proyectos a Cantú, uno para San Miguel de Allende y el otro para Los Angeles, siempre ellos llevaron una muy buena amistad.

¿Cómo entra tu abuelo a las grandes colecciones que se estaban formando en México? Licio Lagos fue uno de los importantes coleccionistas en México, su colección se dividió al final, una parte la integran la Colección Banamex y, la otra, la Colección ING, (que antes fuera América-BANAMEX). Gracias a la gestión del Dr. Mackinley, las obras de Cantú integran ambas colecciones. Él también hizo llegar a los museos de los Estados Unidos, no sólo trabajos de mi abuelo, también de Carlos Mérida, Zúñiga, Tamayo, Guerrero Galván, Meza, María Izquierdo, Juan Soriano, Leonora Carrington, Montenegro, El Corcito y Ortiz Monasterio entre otros, todo esto junto con Inés Amor de la Galería de Arte Mexicano. Por eso Federico Cantú aparece en todas las colecciones de arte antiguo.

¿Por qué las nuevas generaciones desconocen la obra de Cantú y de otros grandes de la plástica de esos tiempos? Porque todos ellos ya han muerto. La idea y todas las conexiones se perdieron, los únicos que sobrevivieron fueron los longevos. Tamayo sobrevivió y llevaba una dinámica más adelante al igual que Luis Nishizawa, que es de la época, y aún lo tenemos entre nosotros. Las nuevas generaciones no tienen idea también por la falta de difusión de las autoridades, por eso y porque mi abuelo, que atesoraba todo, hizo tres publicaciones que nunca las comercializó. Por otro lado, los libros de arte en México no se reeditan, se convierten en grabados raros.

¿Qué ha pasado con la obra mural privada que realizó tu abuelo? Para mala fortuna en la años en que gobernaba Ernesto Zedillo, éste decide comprar la casa del Chato Noriega en la que había unos murales de Federico, a su esposa no le gustaron esos murales y el ex presidente decide deshacerse de ellos, entramos en esos tiempos a una administración que no le interesó la obra de Cantú. También sucedió con la casa de Benito Coquet, quien es el hacedor del IMSS, en cuanto a su acervo pictórico y escultórico, los herederos de Coquet deciden también prescindir de dos batallas en mural (La Caída de Troya y La Batalla de Tenochtitlan) que se encontraban en esa casa, ambas de la autoría de mi abuelo. En esa ocasión interviene el INBA y se logra que las compre Natividad González a nombre del Estado de Nuevo León, una se va a la Pinacoteca y la otra al Museo de Historia, además de una tercera pieza que se la queda el Museo Fundidora. La cuarta obra mural de esta casa necesitaba un desprendimiento, un strappo, para sacarla completa de ahí, pero el INBA y la directora de CONACULTA en ese momento, Sari Bermúdez, se cruzan de brazos y mejor permiten derrumbar la casa perdiéndose esa cuarta obra mural (El Quinteto de Ángeles Músicos). En el sexenio del presidente Vicente Fox, me acerqué al Secretario de Educación para corregirles la ausencia en la guía sobre murales que estaban preparando, de la obra Los Informantes de Sahagún, que está en la Pinacoteca Virreynal, y claro que se habían olvidado, pues el mural lo tienen cubierto por un plástico. Está en el Centro de Arte Alameda y como tenían que hacer proyecciones en la institución, pues lo tapan y las realizan sobre el mural de Cantú. En el gobierno de Canales Clarión en Nuevo León, abandonan el mural El Flechador del Sol, al no darle el mantenimiento que necesitaba y se pierde al permitirse su derrumbe. Fueron gobiernos muy crueles con el arte.

¿Qué acervo dejó el maestro Federico Cantú? De caballete y escultura hay aproximadamente 300 temas, algunas veces manipulaba las fundiciones agregando y suprimiendo, logrando variantes sobre el mismo tema, en el caso de los grabados también, son unas 200 placas, las manipulaba como cuatro veces, hay placas que están muy retocadas, el grabado de La Última Cena tiene cinco versiones diferentes, todas realizadas sobre la misma placa a lo largo de 30 o 40 años. Él hacía eso: evolucionaba, al cambiar de pincel, cambias de trazo, de buril. Otro ejemplo es La Mona Casandra, que era como su Gioconda, su Mona Lisa, hay alrededor de 25 versiones diferentes de esa obra. Tenemos identificables unos 2,000 óleos, dibujos son muchos, de la época de París hay unos seiscientos trabajos, proyectos a su muerte tenemos la Iglesia de la Universidad Intercontinental (UIC), ahí están el Vía Crucis, cada pasaje tenía un proyecto y a veces hasta dos, al igual que la sección de los 14 proyectos de vitrales. Encontramos unas ilustraciones para la edición de un libro de Renato Leduc, y en cuanto a las Madonnas del IMSS, hay unas 60 piezas grandes, sin contar con las obras en museos y galerías de los Estados Unidos.

Federico Cantú murió el último domingo del mes de enero de 1989 en la ciudad de México. Sus restos reposan al pie de una de sus obra maestras Dios padre y crucifixión, en la capilla de la Universidad Intercontinental en la ciudad de México.





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sábado, 28 de mayo de 2011

Federico Cantú Garza por Ernesto Lozano



Patrimonio de Federico Cantú

Ernesto Lozano

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Al Dr. Norman Javier Narváez Hospital General de México

Federico Cantú es de los pintores más completos de México y uno de los poseedores de la iconografía más exacta sobre los mitos aztecas, toltecas, zapotecas, mixtecas; similar a la expresada por el maestro Diego Rivera en sus murales, sus lienzos y en sus grabados.

Aún más, es considerado el mejor grabador de México. Le dio identidad al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), con las esculturas sobre nuestra Madonnas, y es quien nos representa con pintura sacra en el Vaticano durante el siglo XX.
Por cerca de una década (1924-1934) realizó viajes por regiones de Europa y de los Estados Unidos. Exhibió por vez primera en el Exposition Park Museum de Los Angeles, California, en 1929, y tomó parte en diversas exposiciones colectivas en Nueva York y Filadelfia, donde se presentó su trabajo al lado del de Diego Rivera, Montenegro, Mérida, Rufino Tamayo. Regresó a México en 1934 y formó parte de la llamada Escuela Mexicana de Pintura.
En noviembre de 1938, Cantú se instaló en Nueva York, en el 355 East 50 St., en el Greenwich Village, junto al atelier de su maestro de escultura, José De Creéft. En 1943 ingresó como maestro a la escuela La Esmeralda junto con los más grandes pintores del siglo XX. Dos años después empezó a trabajar la punta seca con Carlos Alvarado Lang. Ese mismo año viajó a los Estados Unidos para impartir clases en la Universidad de California.

El contenido histórico y religioso de su trabajo fue desarrollado a través de una técnica de dibujo de excelente calidad que surgió tras su transitar en la Grande Chaumière y la Acadèmie Colarossi en la década que pasara en París. La mayoría de la obra del atelier de Montparnasse en la nación parisina fue destruida en la Segunda Guerra Mundial.
Fue hasta la década de los años 40 cuando inició su carrera como muralista. Diez años después se dedicó a la pintura mural. En 1960 empezó a producir relieves y escultura emblemática a petición del Instituto Mexicano del Seguro Social.
Creó su último monumento en 1988, a la memoria de Alfonso Reyes. Cantú transitó paralelamente junto con los más grandes críticos y poetas de la época: Renato Leduc, Luis Cardoza y Aragón, André Breton, Antonin Artaud, MacKinley Helm, José Moreno Villa, Alí Chumacero y, por supuesto, Alfonso Reyes, quien expresó del pintor: “surgió hijo de sí mismo, su obra aviva el afán prehispánico, la flora, la fauna, el paisaje y la simbología mitológica y religiosa. Pero sobre todo recrea el universo cultural que cultivó a lo largo de su vida”.



Existen muchas leyendas en torno al maestro Cantú. Una refiere al muchacho que siguió la escuela de Barbizon en Coyoacán con Alfredo Ramos Martínez. Otra alude al muchacho achichincle del maestro Diego Rivera, que muele colores de varios pigmentos, para los frescos de la Secretaría de Educación Pública. Una más refiere el transitar de un joven pintor que durante una década convive en Montparnasse con Breton, Artaud, Foujita, Zadkine De Créeft, Picasso, Miro, Man Ray, Gala, Vrieshka, Kiki de Montparnasse.
Hablamos sobre un Cantú que se integró a la Escuela Mexicana de Pintura y que expuso en el MOMA en la Tate Gallery, uno de los artistas fundadores de la Perls Gallery y que fue visitado por Rockefeller. Un Federico Cantú que fincó su grandeza en monumentos, universidades y edificios públicos, sacros y privados por toda nuestra nación.


La Razón conversó en exclusiva con Adolfo Cantú, albacea de la obra de Federico, quien fuera su abuelo.
¿Cómo se logra recuperar la obra del maestro Federico Cantú?





Al fallecer el maestro queda como albacea de la obra su hermano, pero las cosas se fueron complicando... Al morir mi abuelo, el último domingo de enero de 1989, el albacea no hace la denuncia testamentaria que incluía la fortuna de Federico que ganó gracias a su producción artística, al saber esto, nos centramos en salvar su riqueza artística. Si el dinero se tenía que perder que se perdiera, pero era necesario poner a salvo la obra, pues no existían inventarios. Pedí asesoría y recurrí al despacho Goodrich Riquelme, sin tener idea de cuánto podía costar una sucesión testamentaria, más cuando se trata de obras de arte. Éramos siete familias interviniendo por quedarse con la obra, El proceso duró aproximadamente cinco años, tiempo durante el cual nos vimos imposibilitados de promover la obra del artista.


¿Qué sucedió durante ese tiempo?




Decidimos sacar un primer libro sobre la obra de Federico Cantú, financiado por BANPAÍS y firmado por CONACULTA como investigación. Hasta ese momento no existía libro alguno a la venta. Mi abuelo atesoraba todo lo que producía, él imprimía sus grabados y era lo que vendía. Los óleos los acumulaba como loco, a tal grado que el inventario superó las 15 mil piezas en pintura, escultura y proyecto mural al momento de su muerte. Federico Cantú trabajó todas las técnicas: dibujo, cafeína, carbón, todo lo imaginable en un artista. Él nunca se separó de su colección de tintas de París.
¿Qué obras importantes y en qué lugares podemos encontrar parte de la producción del maestro Cantú? En 1957 (año en que muere Diego Rivera), mi abuelo recibe el encargo de hacer en la universidad de UIC un mural sacro, justo después de terminar el mural Los informantes de Sahagún en la Pinacoteca Virreyna. En el Museo Regional de Morelia ya contaba con Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. En 1958, durante el 150 aniversario de nuestra Independencia, creó La unidad Independencia, por aquel tiempo le encargaron todo lo que tiene que ver con el IMSS: La tira de la peregrinación azteca en el Centro Médico Siglo XXI, Enseñanzas del cura Hidalgo en Guanajuato, y todas la madonnas de esa institución, La Purísima en la Universidad de Nuevo León.




¿Cómo fue de significativo el paso de Federico por París y esa relación especial que siempre sostuvo con Francia?


De 1924 a 1934 convivió con todos los grandes de Montparnasse. En el mismo edificio donde él vivía estaban Man Ray, Joan Miró, Tsuguharu Foujita, amigo de Diego y novio en ese entonces de Kiki de Montparnasse. Todos allegados a Modigliani, Joaquín Peinado, Picasso, Ginés Parra, Julio González, Bretón, Eluard, Ernest Hemingway, Lino Espilimbergo y los cubanos Wilfredo Lam, Mario Carreño y Carmelo González —quien después expone en México entre los años 34 y 36 en la Galería de Inés Amor, hoy Galería de Arte Mexicano, la más representativa galería de México—. En México, Cantú recibió al “poeta maldito”, Antonin Artaud y trajo al nuevo grupo de franceses para realizar aquí la primera exposición surrealista.
Hasta aquí la primera parte de dos de esta columna sobre el gran artista mexicano de quien la crítica Raquel Tibol dijo, “Cantú es el gran olvidado”.

Federico Cantú 
1907-1989 Pintor, grabador, escultor 
Estudios: arte en las Escuelas de Pintura al Aire con Ramos Martínez 
Parte de su legado: Enseñanzas de Quetzalcóatl Enseñanzas del cura Hidalgo Tira de la peregrinación azteca Cristo muerto Cuatro jinetes del Apocalipsis El triunfo de la muerte Zapata, Tierra y Libertad Leda y el cisne Monumento a Alfonso Reyes
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